viernes, 16 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:169-176


Hoy arrivamos al final de este recorrido por el Salmo 119, hemos podido gustar cuán dulce es la ley de Dios y cuan deseables sus estatutos.

169 Llegue mi clamor ante ti, Señor;
conforme a tu palabra dame entendimiento.
170 Llegue mi súplica delante de ti;
líbrame conforme a tu palabra.
171 Profieran mis labios alabanzas,
pues tú me enseñas tus estatutos.
172 Que cante mi lengua de tu palabra,
porque todos tus mandamientos son justicia.
173 Pronta esté tu mano a socorrerme,
porque tus preceptos he escogido.
174 Anhelo tu salvación, Señor,
y tu ley es mi deleite.
175 Viva mi alma para alabarte,
y que tus ordenanzas me ayuden.
176 Me he descarriado como oveja perdida; busca a tu siervo,
porque no me olvido de tus mandamientos.

 En esta última porción el Salmista se enfoca en lo que que sale de su boca hacia Dios, escoge muy cuidadosamente sus palabras para dirigirse a su Señor.
Inicia con un clamor ante Dios y le pide que le de entendimiento conforme a Su Palabra. 
¿Es ese el clamor de tu corazón? Pidámosle a Dios que genere en nosotros un deseo por adquirir un profundo entedimiento de su voluntad, de sus estatutos.
Él continúa suplicando ser librado conforme a Su Palabra. ¿Es esa tu oración? En el momento de la prueba muchas veces queremos ser librados por métodos humanos, pero debemos pedirle a Dios que su Palabra sea los que nos libere en cualquier escenario que estemos viviendo.
Finalmente luego de clamar por entendimiento y de suplicar ser librado, el salmista pide a Dios que sus labios profieran alabanzas, que su lengua cante Su Palabra. 
¿Qué profieren tus labios? ¿Cuál es el contenido de las canciones que cantas? ¿Está tu boca saturada de la verdad de Dios? Debemos ser intencionales en alabar a Dios conforme a la verdad de Su Palabra, de esa manera estaremos honrándolo y al mismo tiempo afirmando Su verdad en nuestros corazones. 
Como fruto de aplicar estas verdades a nuestras vidas, surgirá en nosotros un anhelo por Su salvación, su ley será nuestro deleite, aún si nos descarriaramos como ovejas no olvidaremos Sus mandamientos.
Oro que podamos decir como el salmista "¡Viva mi alma para alabarte, y que tus ordenanzas me ayuden!"

Para despedirme les comparto esta canción Cuánto amo tu ley

jueves, 15 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:153-160


En esta ocasión el salmista está atravesando una profunda aflicción y clama a Dios por liberación.

153 Mira mi aflicción y líbrame,
porque no me olvido de tu ley.
154 Defiende mi causa y redímeme;
vivifícame conforme a tu palabra.
155 Lejos está de los impíos la salvación,
porque no buscan tus estatutos.
156 Muchas son, oh Señor, tus misericordias;
vivifícame conforme a tus ordenanzas.
157 Muchos son mis perseguidores y mis adversarios,
pero yo no me aparto de tus testimonios.
158 Veo a los pérfidos y me repugnan,
porque no guardan tu palabra.
159 Mira cuánto amo tus preceptos;
vivifícame, Señor, conforme a tu misericordia.
160 La suma de tu palabra es verdad,
y cada una de tus justas ordenanzas es eterna.

Él pide a Dios que mire su aflicción  y aunque puede parecer una simple oración, esto me ayuda a recordar que puedo venir ante Dios y presentarle mi caso. Puedo acercarme confiadamente ante su trono, confiada de que encontré gracia para el oportuno socorro.
Cuando estás en aflicción, ¿vienes ante Dios y derramas tu corazón delante de Él?
El salmista pide ser liberado de su aflicción porque no se olvida de la ley de Dios, cuando la Palabra de Dios está fresca en nuestra mente podemos somos libres al creer sus hermosas y serguras promesas.
También el pide a Dios que defienda su causa y lo redima, que esperanzador es conocer a un Dios que además de ser nuestro Salvador es nuestro abogado. No tomes la justicia en tus manos, quédate quieta y pidele a Dios que sea tu único redentor.
En medio de todo en vez de contar sus muchas aflicciones, el salmista cuenta las misericordias de Dios que son muchas.
Cuenta tus bendiciones, haz memoria de las misericordias de Dios y tendrás una perspectiva diferente de tus aflicciones, las verás como parte del tierno cuidado de Dios para tu vida y para el fortalecimiento de tu carácter.
Muchos son los que lo persiguen pero él no les teme porque él puede reconocer que su Dios es mayor que todos, ese es el resultado de no apartarse de los testimonios de Dios. Ponen a Dios en su lugar, por encima de cualquier cosa en este mundo. 
Es mi oración que de nuestro corazón nazca esta oración:
¡Mira cuánto amo tus preceptos;vivifícame, Señor, conforme a tu misericordia!

martes, 13 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:161-168

En estos versos el salmista resalta los beneficios de vivir y amar la Palabra de Dios.

161 Príncipes me persiguen sin causa,
pero mi corazón teme tus palabras.
162 Me regocijo en tu palabra,
como quien halla un gran botín.
163 Aborrezco y desprecio la mentira,
pero amo tu ley.
164 Siete veces al día te alabo,
a causa de tus justas ordenanzas.
165 Mucha paz tienen los que aman tu ley,
y nada los hace tropezar.
166 Espero tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandamientos.
167 Mi alma guarda tus testimonios,
y en gran manera los amo.
168 Guardo tus preceptos y tus testimonios,
porque todos mis caminos están delante de ti.

A pesar de que él es perseguido injustamente, su temor no está en el peligro en el que se encuentra si no que la Palabra de Dios es su autoridad, el teme más a las palabras del Dios todopoderoso.
¿En el momento de dificultad temes lo que pueda hacerte el hombre o tu reverencia por la Palabra de Dios es mayor?
El salmista se regocija en la ley de Dios como quien haya un gran botin. ¿Te produce gozo la Palabra de Dios? ¿Cuándo lees la Biblia quedas indiferente? Pídele a Dios que ponga en ti gozo por su Palabra.
¿Aborreces la mentira? ¿Cuáles son las mentiras que has creído y no te permiten experimentar abundancia en Cristo? ¿Tu entorno o circustancias nublan una correcta concepción de Dios y Su carácter? 

El salmista alaba a Dios siete veces al día exaltando Su Palabra, este un hábito que debemos imitar, determinar momentos al día en los que hacemos una pausa para alabar a Dios por Su Palabra. Es tan sencillo como tomar un versículo bíblico como este: 

El Señor es mi pastor, nada me faltará. Salmos 23:1 
Con este versículo puedes darle gracias a Dios por ser tu pastor, por su tierno cuidado. También puedes agradecerle por su provisión y la seguridad de que nada te faltará. 

Como fruto de su amor por la ley de Dios el salmista encuentra paz y es librado de tropiezos. Hay paz para aquellos que aman la ley de Dios y sus pasos están firmes en la Roca. 
Oremos para que Dios nos ayude a esperar en Él y a cumplir sus mandamientos.

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:145-152

La Palabra de Dios es un refugio seguro para que quienes acuden a ella. En esta porción el salmista pide auxilio de Dios y encuentra ayuda en sus estatutos.
145 He clamado con todo mi corazón; ¡respóndeme, Señor!
Guardaré tus estatutos.
146 A ti clamé; sálvame,
y guardaré tus testimonios.
147 Me anticipo al alba y clamo;
en tus palabras espero.
148 Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche,
para meditar en tu palabra.
149 Oye mi voz conforme a tu misericordia;
vivifícame, oh Señor, conforme a tus ordenanzas.
150 Se me acercan los que siguen la maldad;
lejos están de tu ley.
151 Tú estás cerca, Señor,
y todos tus mandamientos son verdad.
152 Desde hace tiempo he sabido de tus testimonios,
que para siempre los has fundado.
El ha clamado con todo su corazón, esperando respuesta de su Dios, y mientras lo hace promete guardar sus mandamientos.
En el momento de necesidad, en los que clamamos a Dios, hacemos promesas de seguirle y de agradarle... cuando Dios te responde,  ¿permaneces fiel a lo que has prometido?

El salmista se anticipa al alba, aún no ha amanecido y ya él está delante de Dios buscando su rostro y favor. En este encuentro él le pide ser vivificado conforme a Sus ordenanzas. El verdadero avivimiento sucede en un hombre frente a la Palabra de Dios. Steve Lawson
En este momento de busqueda el reconoce que Dios está más cerca que cualquier hombre que quiera hacerle daño. Cuando estamos en la presencia de Dios podemos sentirle más cerca y presente que cualquier otra cosa, también nos llenamos del convencimiento de que Su Palabra es verdad.
¿Sientes a Dios lejos? ¿No puedes ver la verdad en la Palabra de Dios?
Clama a Dios de madrugada, preséntate ante Dios y pide su auxilio.
Oro que Dios ponga en nosotros una necesidad desesperada por estar en Su presencia y por poner por obra Su Palabra.

lunes, 12 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:137-144

En esta porción del Salmo 119, el salmista se centra en la perfecta justicia de Dios poniendo en contraste su debilidad como hombre y exaltando la fidelidad de Dios.

137 Justo eres tú, Señor,
y rectos tus juicios.
138 Has ordenado tus testimonios con justicia,
y con suma fidelidad.
139 Mi celo me ha consumido,
porque mis adversarios han olvidado tus palabras.
140 Es muy pura tu palabra,
y tu siervo la ama.
141 Pequeño soy, y despreciado,
mas no me olvido de tus preceptos.
142 Tu justicia es justicia eterna,
y tu ley verdad.
143 Angustia y aflicción han venido sobre mí,
mas tus mandamientos son mi deleite.
144 Tus testimonios son justos para siempre;
dame entendimiento para que yo viva.

Los dos primeros versos son declaraciones muy valientes, el salmista afirma que el Señor es justo y que sus juicios son perfectos, a pesar de que con sus ojos ve todo lo contrario, aunque la injusticia está a la orden del día, él reconoce que la justicia de Dios prima por encima de toda maldad.
Cuando estás en medio de la adversidad, ¿puedes descansar en la verdad de que Dios es justo?
¿Las injusticias de la vida han quitado tus ojos del Dios justo?
Hay una tranquilidad del alma que sólo se obtiene cuando creemos que Dios es fiel y justo.

A pesar de que  él confiesa su pequeñez y que se siente despreciado, el salmista no pone sus ojos en sus circunstancias, el toma en cuenta los preceptos de Dios y no los olvida. Su identidad la define la Palabra de Dios, no sus sentimientos o circunstancias.
La angusta y la aflicción han venido sobre el salmista pero el reconoce que los mandamientos de Dios son su deleite.
Hay una tendencia en nosotras de alejarnos del Consejo de Dios a la hora de la aflicción, que el Señor nos conceda un corazon que lo busque y lo anhele aún en medio de la prueba.
¿Dónde está tu deleite?
Finalmente el salmista pide a Dios que le de entendimiento de sus testimonios para que viva; el verdadero avivamiento proviene de conocer y vivir la santa Palabra de Dios.

viernes, 9 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:129-136

Cuando nos llenamos de la Palabra de Dios nuestro corazón es movido a obedecer y a honrar a Dios. Es mi oración que esto sea una realidad en nuestras vidas.

Los versiculos de hoy:
129 Maravillosos son tus testimonios,
por lo que los guarda mi alma.
130 La exposición de tus palabras imparte luz;
da entendimiento a los sencillos.
131 Abrí mi boca y suspiré,
porque anhelaba tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí y tenme piedad,
como acostumbras con los que aman tu nombre.
133 Afirma mis pasos en tu palabra,
y que ninguna iniquidad me domine.
134 Rescátame de la opresión del hombre,
para que yo guarde tus preceptos.
135 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo,
y enséñame tus estatutos.
136 Ríos de lágrimas vierten mis ojos,
porque ellos no guardan tu ley. (Salmos 119:129-136, LBLA)

El salmista inicia estos ocho versículos declarando que su alma guarda los testimonios de Dios porque estos son maravillosos, esto puede parecer una simple oración, pero en realidad aquí podemos ver un nivel de asombro y admiración que muchas de nosotras podemos haber perdido.
¿Cuándo te expones ante la Palabra de Dios te sientes asombrado por ella?
Es mi oración que no pasemos por alto la asombrosa verdad de Dios revelada a simples pecadores.
En el versículo 130 recibimos la esperanza de ser alumbrados en la sencillez de nuestros entendimiento. No importa cuan densa sea la oscuridad que te rodee, la luz de Cristo puede esparcirla en un instante.  

Dios se vuelve a los que aman Su nombre y les tiene piedad, los rescata de la opresión y afirma sus pasos. Ninguna iniquidad nos dominará si amamos de todo corazón la Palabra de Dios y con la ayuda de Su Espiritu la ponemos por obra. 

Finalmente el salmista llora con compasión por aquellos que no guardan la Ley de Dios, él ha gustado que bueno es Dios y Su Palabra dulce como la miel, y siente una profunda tristeza por los que no le conocen. ¿Se entristece tu corazón por los perdidos?
¡Pidamosle al Señor que nos de un corazón como el Suyo!

jueves, 8 de agosto de 2013

¡Cuánto amo tu ley! Salmos 119:121-128

Este ha sido un recorrido en el que nuestros corazones han sido movidos a inquirir en la ley de Dios y meditar en sus promesas.
Los versículos de hoy son
121 He practicado el juicio y la justicia;
no me abandones a mis opresores.
122 Sé fiador de tu siervo para bien;
que no me opriman los soberbios.
123 Desfallecen mis ojos por tu salvación,
y por la promesa de tu justicia.
124 Haz con tu siervo según tu misericordia,
y enséñame tus estatutos.
125 Yo soy tu siervo, dame entendimiento
para que conozca tus testimonios.
126 Es tiempo de que actúe el Señor,
porque han quebrantado tu ley.
127 Por tanto, amo tus mandamientos
más que el oro, sí, más que el oro fino.
128 Por tanto, estimo rectos todos tus preceptos acerca de todas las cosas,
y aborrezco todo camino de mentira.
En un mundo donde prima la injusticia y la maldad, el salmista tiene su conciencia libre de condenación, le pide a Dios que le libre de la maldad de sus opresores, él está confiando en que Dios es su mayor Juez y Abogado.
¿Ante la opresión y la injusticia de los hombres cuál es tu actitud? ¿Buscas en Dios tu refugio o sales a defenderte y a luchar contra ellos?

¿Anhelas que Dios cumpla su promesa de justicia o anhelas tomar venganza en tus propias manos?
En el versículo 124 vemos como el salmista se abandona en la misericordia de Dios, él sabe que Dios es Justo y obrará todo para su bien.
¿En medio de la prueba te abandonas a la voluntad de Dios? ¿Las circunstancias en las que Dios te ha colocado son vistas a tus ojos como el plan de Dios o te resistes a lo que Él determinó para ti?

En el versículo 126 David reconoce que es tiempo de que Dios actúe, me confronta mucho su actitud ante los problemas, haciendo esta afirmación él nos dice de manera implicita " Es tiempo de que yo me esté quieto y deje a Dios obrar".
Dios nos esta diciendo lo mismo a cada una de nosotras: Permitámosle a Dios obrar en cada area de nuestras vidas, estemos quietas y reconozcamos que sólo Él es Dios. Salmos 46:10
Anhelemos los mandamientos del Señor más que el oro, que no haya riqueza ni posesión que pueda interponerse a nuestra devoción por Su Palabra.